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lunes, 25 de febrero de 2013

La teatralidad como crimen.





Parece ridículo lamentarse por 

las carencias que abundan en nuestra comunidad teatral. Sobre todo si pensamos el contexto completo en el que ésta subsiste. Baste observar titulares como "el Chapo se apodera de Latinoamérica", "el año nuevo representa nuevos gastos e incrementos a bienes y servicios básicos", "el EZLN a la sociedad civil: es la hora de actuar", entre otros más pintorescos y espectaculares. Sin contar las ocupaciones y preocupaciones más locales y cotidianas de vecinos  (seguridad, economía,  tráfico, trabajo, familia). Pensar que alguien (más allá de alguien que viva por ello y de ello) se va ha detener por un momento a preguntarse "¿qué obra de teatro se presentará hoy?, ¿qué grupo o persona tiene una nueva obra de teatro?" es tan insólito que no sirve de mucho lamentarse por la ausencia de interés de propios y extraños en la cultura, menos en el teatro. 

Pero no se mal interprete este melodramático inicio. Habemos optimistas que nos enredamos en preguntas intentando explicar el fenómeno y sobre todo intentando contrarrestarlo. Por supuesto yo me sumo a ese numeroso grupo. Quise empezar así, para pensar desde lo más elemental nuestra actual condición como creadores independientes de teatro. ¿Será eso lo que politólogos y sociólogos llaman descomposición del tejido social? Esa trágica condición de la sociedad humana donde ya no piensa en escoger su forma de vivir, sino que piensa en escoger su forma de morir. 

Y, ¿qué tiene que ver nuestras elecciones para la muerte con la ausencia de interés en el teatro? Para responder estas preguntas de talante filosófico recomiendo regresar a los clásicos. Y en este caso, parece ser el más adecuado, el maestro de la Poética ática, Aristóteles. Él era un pensador vastísimo que tenía especial gusto por el teatro, y particularmente por la literatura dramática. Fue a partir de sus observaciones y análisis de los textos de los poetas trágicos que constituyo uno de los primeros libros sobre el arte poética. Una de sus conclusiones más arriesgas tenía que ver con el propósito del arte y particularmente el propósito del teatro. Él afirmaba que los seres humanos iban al teatro y/o escribían teatro como una manera de comprender las causas oscuras e ininteligibles a la razón humana del porqué de las cosas. El teatro imitaba la vida y explicaba a sus observadores/lectores porqué sucedían las cosas como sucedían. Esta revelación originaba una serie de contradictorios sentimientos en el espectador/lector, en el poeta y en los actores. Aristóteles utilizó el término catarsis que proviene del griego κάθαρσις, (Khatársis) y se traduce como purificación. Así que, es posible decir que,  los griegos acudían al teatro para purificarse.  Evidentemente, este proceso de purificación no era simple y la vida que imitaba el teatro, era la vida ejemplar.
         Sí he hecho hincapié en el contexto en un principio, justo es que lo haga también al retomar al filósofo griego. Sabido es que el teatro, así como otras artes (danza, pintura, escultura, música) era actividades productivas absolutamente incorporadas a la vida religiosa y política del ateniense, es decir, el arte no era asunto a parte, mucho menos era una actividad extra-cotidiana, sino formaba parte del haber de todos los días entre los atenienses. Cosa absolutamente distinta entre las personas de las sociedades modernas. Con la secularización de nuestras sociedad ocasionó una escisión entre política (entendida como las relaciones sociales e institucionales entre las personas) religión (como el desarrollo de la vida espiritual y mística), arte (como el desarrollo de la vida estética y afectiva) y filosofía (como el desarrollo del conocimiento). No se adelanten conclusiones, yo no afirmaría de ninguna manera que ésta escisión y la secularización de las sociedades modernas  sea el origen del problema o sea algo negativo. Tampoco sé si es lo contrario. Dejemos este problema para después.
         Regresando al punto, el arte y particularmente el teatro, funcionaba como un espacio de restitución social de las causas de la justicia, según Aristóteles. Dicho en otras palabras, sería el lugar donde las personas comprenderían su destino, su carácter y su proceder a través de la observación de personajes ejemplares. Esto derivaría en la formación de mejores personas y por lo tanto, mejores ciudadanos. Siendo así, el teatro tiene como propósito contribuir al establecimiento de la justicia social, purificar al individuo de emociones contradictorias y enseñar valores universales de una vida virtuosa. Y, yo creo, que en gran medida el teatro contemporáneo, el que hacemos todxs, aquí y ahora, sigue cumpliendo este propósito, y que simplemente los modos son radicalmente opuestos a los de los poetas trágicos del siglo IV a. C. Para muestra de ello, consideremos el caso de Samuel Beckett, un artista que me interesa de manera particular. Todo el mundo estaría de acuerdo conmigo, si afirmo que en la dramaturgia de Beckett no existe ningún programa social, ni siquiera existen pretensiones moralizadoras, yo creo que ni pretensiones estetizantes, sólo existe la intención de comunicar algo, frente a la imposibilidad de hacerlo. Pero, cuando este autor le hace decir a Krapp, a través de una cinta magnetofónica en la obra La Última Cinta de Krapp:

“Cinta: […] Aquí termino esta cinta. Caja… (pausa)… tres, bobina… (pausa)… cinco. (Pausa.) Quizá mis mejores años han pasado. Cuando existía alguna probabilidad de ser feliz. Pero ya no querría vivirlos otra vez. Y menos ahora que tengo este fuego en mí. No querría vivirlos otra vez.

Cualquiera comienza a derivar conjeturas sobre nuestra “idea particular de la felicidad” y si ya habrá pasado nuestros “mejores momentos, nuestros momentos de felicidad”. Y de ahí, unx puede seguir derivando en reflexiones sobre nuestra vida y más allá. Y, ciertamente, nuestros sentimientos serán contradictorios y de estupefacción, al final de todo, tendremos una leve certeza de que en nuestra vida “habido felicidad” y que sabemos cuál es el camino para alcanzarla. Hacerlo o no, es tema de otra conferencia.
        

Por lo anterior, considero que el propósito del teatro no ha cambiado mucho. Sin embargo, sí creo que el sentimiento trágico y la representación de él, es diametralmente distinto. El sentimiento trágico ya no está en nuestro teatro. Es decir, el debate entre razón y pasión, entre deber y querer, entre sociedad e individuo, entre ley y destino, entre divinidad y humanidad, ya no está en el teatro. Ese debate es el complejo dilema de “escoger nuestra mejor forma de morir”, que anunciaba al principio. Y sobra decir, que la espectacularidad de este debate cotidiano ha ido incrementando paulatinamente, conforme se sofistica el escenario del dilema, incrementa la complejidad de su representación. 


         El 27 de febrero del 2012, apareció una noticia en medios nacionales que anunciaba que el Ejército había decomisado 120 “cascos ceremoniales” presuntamente utilizados en “rituales de iniciación” para formar parte de la organización criminal conocida como “Los Caballeros Templarios” en Apatzingán, Michoacán. Se puede observar que los casos evocan la antigua indumentaria de los gladiadores romanos o algún Ejército de griego, persa, etc. Habría que señalar que la teatralidad de este evento no es la primera en su tipo, sino, ¿de qué forma podemos llamar los colgados en los puentes, las narco-mantas desplegadas, los decapitados, etc.? Dicho sea de paso, ¿de qué sirve para la seguridad pública decomisar 120 cascos de plástico? ¿Es acaso, la teatralidad del crimen una amenaza nacional que debe ser atendida?



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         La teatralidad trágica de nuestra condición humana contemporánea está en las calles no en las salas de teatro, mucho menos en las escurridizas presentaciones “de teatro” que desmontan el espacio oficial y buscan el espacio público de la ciudad.  Los verdaderos actores de la tragedia teatral es el ciudadano común y corriente (y que en la mayoría de las veces no conoce ni siquiera un teatro, mejor dicho, El Teatro) que se debate todos los días por explicarse las causas de su muerte. No existiría ningún problema que la teatralidad y la tragedia totalizaran nuestras vidas. Pero sigue siendo privilegio del arte y la ficción, la reversibilidad. En la realidad, el héroe trágico muere para siempre, sin que sea posible que repita su historia para aprendizaje de otros.
         Pensemos ahora en las estrategias para atraer público a las salas y eventos teatrales. Cada vez más agresivas,  los desafortunados gestores culturales, productores, promotores y creadores de teatro, hemos tenido que abrir codo a codo espacios que no eran originalmente para el teatro, tales como iglesias, aulas, patios, canchas, plazas, empresas, estacionamientos, transporte público, las cocinas y salas de casas particulares, etc. Y ahora, el nuestro es un teatro incómodo fuera de su lugar. Y yo no digo que los espacios antes mencionados no puedan considerarse “espacios del teatro”; lo que digo, es que sí se ha llegado a esos espacios no ha sido por un proceso de colonización, si no por un proceso de discriminación del propio teatro.
         Y, ¿cuál es el objeto de esta revisión poco esperanzada de nuestra situación? A pesar de que pareciera lo contrario, es el objetivo es mirar de frente hacia el 2013. El objetivo es re-pensar la radical teatralización de la realidad en el siglo XXI y aún más, en nuestras “sociedades en desarrollo” (a falta de mejor etiqueta). Especular sobre estos asuntos debe ser, siempre, para confrontar nuestra práctica artística. Y como inicia un año, debe iniciar un programa. Si pudiera enumerarlo sería así:

1.- No permitir que el paso al tedio.
2.- Observar nuestra realidad y confrontarla sin temor.
3.- No forzar al teatro a formas y contenidos por propósitos externos al propio teatro. 
4.- Pensar la teatralidad como un paradigma del siglo XXI.
5.- Incrementar la producción sobre la discusión.
6.- No caer en la trampa de la moda y lo novedoso.
7.- Subvertir el egoísmo y compartir todo.
8.- Fomentar las buenas conciencias y las buenas relaciones humanas en la práctica teatral.
9.- Ser consciente que los errores son parte del proceso.
10.- Recuperar el sentido trágico para el arte. (Porqué aquí sí hay reversibilidad).

Escribe, Gunnary Prado. 
Enero 2013. 
Morelia-Buenos Aires.

martes, 4 de diciembre de 2012

Romeo Castelluci.....







Actoralidad y Textualidad

Producción de Sentido en el Teatro.


"La Barbaríe" de Gastón Zambón. Dir. Silvia Picolli.
Actúan: Sergio Marinoff, María Paula Compañy y Santiago de Belva


Introducción.

     La empresa encabezada por los Formalistas rusos a principios del siglo XX, su filtración a través del estructuralismo francés a otras artes (cine, teatro, música, artes visuales),  su función como fundamento de la Nueva Crítica y de la crítica marxista, puede que haya sido el suceso más importante para el siglo, es a partir de sus investigaciones teóricas sobre el lenguaje y la estructura del texto literario inicia una vertiginosa carrera crítica hacia la consolidación del paradigma que parece haber alcanzado el siglo: la definición de lo literario y su relación con lo extraliterario. El punto álgido de este desarrollo debió alcanzarse durante los años setentas cuando los semiólogos extenderán la categoría texto más allá de la propia literatura. En lo que refiere los estudios teatrales, es ampliamente conocida los análisis del texto espectacular, el análisis de los sistemas sígnico-simbólicos que integran la puesta en escena. El intento de explicar el teatro como texto dramático  y su contraparte como texto espectacular, -espesor de signos dispuestos en la escena-, éste fue el proyecto de Anne Ubersfeld (1977), Andre Helbo, (1979), Umberto Eco (1985). Sin embargo, sabemos que la teatralidad no se circunscribe a los elementos textuales del teatro, donde se lee al teatro desde el texto dramático, estamos pensando en la herencia aristótelica. Cuando se intenta categorizar los elementos teatrales (decorados, vestuarios, texto, iluminación, etc.) como sistemas de signos (a la manera textual), hay un elemento que se revela a esta lógica y desquebraja todo el esquema: los actores no pueden ser ceñido a un signo. ¿El cuerpo, el sentimiento, la voz humana es signo de qué?
            Un hecho relevante es que los estudios semióticos abrieron el camino hacia la codificación de uno de los elementos indispensable para el acontecimiento teatral: la mirada del espectador sobre el trabajo que hacen los actores en el espectáculo. Esta obviedad parece contener la clave para explicar el fenómeno de la teatralidad. Ciertamente, cuando intentamos explicar el fenómeno a partir de otro fenómeno más ambiguo, como es la actoralidad, parece redoblarse la complejidad del análisis. Sin embargo, coincido con la idea de que es a partir del actor que podemos encontrar una luz en ésta tiniebla que es la teatralidad y la especificidad del teatro. Así podemos ver como toda la práctica teatral contemporánea “intenta subvertir si no eliminar el texto dramático, intentando recuperar la teatralidad del teatro (perdónese la redundancia), esto es, recuperar el juego teatral, la dimensión lúdica, devolverle al actor su papel ditirámbico y ritual, y realizar una producción significante que se articula y se plasma en el texto espectacular” (De Toro: 1987). Este planteamiento cae del otro lado del abismo cuando se opone teatralidad a texto o teatralidad a discurso; la resolución parecía fácil: eliminar los elementos discursivos del teatro para hacer emerger la teatralidad , -este es el esfuerzo de Artaud-. Siendo el discurso uno más de los elementos que componen la teatralidad, lo único que se hace aquí es amputar la teatralidad misma. “[Por el texto dramático] entendemos no solamente el juego teatral, la escenificación […], también la incorporación de todo el hacer espectacular. [En todo caso, diremos que la teatralidad es] la plasmación de una serie distinta y heterogénea de diversos sistemas de significación que ponen el acento en la dimensión lúdica, y no necesariamente mimética del teatro” (De Toro: 1987).
            Intento plantear aquí una propuesta más de conciliación en la relación del texto dramático y la dimensión práctica de la actoralidad como una manera de explicar la teatralidad sin necesidad de subyugar o subordinar alguno de los elementos. No hay sujeto actor, hasta que éste no esté en una situación actoral, así tampoco hay un texto dramático hasta que la escenificación le devore lo teatral que hay en él, utilizando los términos de Barthes. La propuesta es hacer una inversión de los procesos y miradas. Inclusive una definición de teatralidad “como la convergencia del texto como discurso (cuando la hay), de una textualidad que está constantemente haciéndose, y donde esta textualidad al transformarse en signo, es semiotizada por un complejo de sistemas semióticos que se centran en la realidad/denegación: en el juego” (De Toro: 1987) parece apuntar a que el futuro del teatro está en la re-instalación de la dimensión lúdica y práctica de los actores como productor de sentido.

 Orígenes de la confusión.

            Los orígenes del debate son muy antiguos, sin embargo, muy actuales. Es la confusión aristotélica de preponderar el texto sobre la escena. Espectáculo, es probablemente el término más controversial de la Poética. Su delimitación es clara “es cosa seductora, pero muy ajena al arte y la menos propia de la poética” (Aristóteles: 1974-18). Para Aristóteles, el efecto de la tragedia se debe cumplir sin la necesidad de la participación de actores o de que el texto se lleve a la representación. Aquí se entabla el profundo debate (que alcanza hasta nuestros días) de las dos dimensiones del teatro: texto y representación. En la idea de lo trágico el espectáculo es un agregado que de estar mal planteado puede llegar a perjudicar la trasmisión de la tragedia como conocimiento y el cumplimiento de su telos, la purificación de pasiones mediante la razón.  Sabemos que esta primacía al texto permanecerá en la teoría literaria y el arte dramático hasta el siglo XIX.
Aunque es en el mismo Aristóteles donde podemos encontrar la primacía del logos dramático como el modelo extensivo para todo el acto de fabulación/narración. De los conceptos primordiales, el de fábula o mythos que “es la imitación de una acción, la composición, estructuración u ordenación de los hechos […],” (Aristóteles, 1974-111) es el que resulta más adecuado para comprender la evolución de la literatura dramática y sus distintos géneros. Aristóteles utiliza el término de mythos tanto para identificar la composición y disposición de los hechos, como para identificar el material mítico del cual se desprenden los hechos narrados, es el mito de la tradición en el cual se apoya la fábula para su objetivo. El filósofo griego afirma “sin fábula no hay tragedia”. Fábula es el elemento al que se supeditan el resto de las partes de la tragedia, porque es ella la que establece la pauta de unidad, coherencia y necesidad. La autoridad del mito, que como nos dicen los expertos, está fuertemente arraigado en la conciencia colectiva, es el que finalmente asegura la verosimilitud y la credibilidad de los hechos narrados en la tragedia, “si el poeta fábula a partir de un tema mítico preexistente, ha de ser fiel a la tradición” (Aristóteles: 1974-13).   Además, el mythos ya contiene las proposiciones “[…] del ánimo y del destino que componen la estructura de la fábula”. En el mythos ya encontramos las ideas que nos llevan a la inversión o revelación de las circunstancias (peripecia), la revelación o toma de conciencia de los héroes (anagnórisis) y la devastación o desaparición (pathos). Cuando el poeta excede, modifica o inventa los sucesos de la fábula, su verosimilitud dependerá del ejercicio de composición de la fábula: “el poeta ha de conseguir que la disposición artística de los materiales de la fábula convierta los hechos dramatizados en patrones universales de la condición humana” (Aristóteles, 1974: 111). En este sentido la fábula trágica ya no tiene la autoridad del mito, ahora es logos poético, que entrará en contradicción con las circunstancias existenciales de los espectadores/lectores. La autoridad trágica dependerá del poeta, de acuerdo con Aristóteles.
            Y, sí nos preguntamos: ¿quién escribe?, ¿quién es el poeta o quién cumple funciones de autor de la fábula en representación?, ¿quién es poeta con la autoridad del logos dramático? Esta pregunta es la clave para repensar la confluencia de literatura y actoralidad. El que escribe es el actor/actriz. El texto dramático, como todos los textos literarios, en tanto letra sobre hoja blanca es letra muerta, sólo se activa en la relación dinámica del “mundo del texto y el mundo del lector-espectador”. El autor es una ausencia que sólo aparece como subjetividad perimetral al texto; el texto dramático al momento de la representación es re-escrito por el actor y a su vez este es actor en tanto se desenvuelve como tal, en relación a su situación de representación es observado/mirado por un tercero, es decir, el espectador. Porque actuar no es encarnar letra muerta. Actuar es accionar, dialogar, establecer una relación de re-significación con la propia subjetividad, el texto dramático, el director, los otros actores y por supuesto, el espectador. Actuar es estar en situación de representación.  Mucho se puede reflexión en relación a ¿qué es actuar?, y qué es lo que hacen los actores en la escena. Pero ese es tema de otra conferencia. Aquí me interesa resaltar la relación de un sujeto, un enunciado “yo” en situación de representación que se enfrenta con una serie de enunciados literarios y los actualiza para convertirlos finalmente en teatralidad.  
      Antes de continuar con las aproximaciones a la actoralidad y la literatura, habría que mencionar la contracara de esta confusión. Nos referimos a la confusión original del teatro es “¿texto o representación?” Hay que recordar la línea opuesta al aristotelismo, que si bien se puede ubicar desde los orígenes del teatro en las manifestaciones rituales, los mimos, los magos, el arte del toreo, el clown, no es sino hasta la aparición de Antonin Artaud, -donde su desarrollo teórico resultan ser un punto climático y sofisticado planteamiento de estos antecedentes- en sus ideas de la teatralidad pura, por llamarla de alguna manera. Artaud en su textos El teatro y su doble (1938) nos dice que el discurso es un elemento no teatral; en su opinión cuando el teatro descendió de su forma ritual a una forma artística perdió los elementos teatrales fundamentales, estos fueron subordinados al discurso. “El teatro, concluyó Artaud, debe ser teatral, y el discurso no es teatral si no literario. En consecuencia, debemos concentrarnos exclusivamente en los elementos que son peculiares y característicos del teatro.” (Artaud, 1938). El problema que señala Artaud es nuevamente ideológico. Para él, la representación literal de los textos teatrales era reprobable ya que implicaba la repetición de la superestructura burguesa en el arte.  El discurso, el lenguaje, las palabras “son el lastre de la tradición teatral occidental aristótelica o sea: el predominio de la diégesis sobre la mimesis”. Insistimos, el trabajo del actor no se puede limitar a una re-presentación de los aspectos literarios o conceptuales de la puesta en escena.  Lo actoral puede ser considerado una extensión de la palabra o un vehículo para la re-presentación de la trama. Actuar es todo lo demás que no es trama (en tanto disposición de hechos). Es decir es aquello que no está organizado en la lógica de los acontecimientos, y que sin embargo, anima su evolución.

El cuerpo, la acción teatral y la situación de representación.

En términos estrictos actuar es hacer algo. El actor no hace cosas tan distintas de las que hacen las personas comunes en la vida cotidiana. Es decir, realiza determinadas acciones en un contexto mientras es observado por un tercero, externo a las acciones. Estas reacciones son el cuerpo. Como vemos ser no se diferencia mucho de ser actor: “mi cuerpo se me revela como postura en vistas a una cierta tarea actual o posible […] su espacialidad no es una espacialidad de posición, sino una espacialidad de situación […] el esquema corpóreo es finalmente una manera de expresar mi cuerpo es-del-mundo” (Merleau-Ponty: 1945-119). Ahora bien, la diferencia entre el hacer cotidiano y el hacer teatral es del orden de la intensidad y el propósito. La acción del actor es una acción in media res, que no busca un propósito fuera de la acción misma, es una acción a medio camino, por llamarla de alguna manera. Es el gesto silencioso que es el cuerpo que a su vez actualiza la escritura, la subjetividad de los enunciados escritos, ya sean del autor dramático o del propio actor que trabaja, de los enunciados que definen al espectador en tanto que puede éste puede leer (entendemos leer como dar sentido o un sistema de significación) en lo que ve que hace el actor. Asimismo la especificidad de lo actoral tiene que ver con la construcción de una situación de representación.  “El cuerpo no es más que un elemento en el sistema del sujeto y de su mundo y la tarea le arranca los movimientos necesarios por una especie de atracción a distancia, como las fuerzas fenomenales en acción en mi campo visual me arrancan, sin cálculo, las reacciones motrices que establecerán entre sí el mejor equilibrio, o como las usanzas de nuestro medio, la constelación de nuestros auditores, el tono que resultan convenientes, […] porque somos literalmente lo que los demás piensan de nosotros y lo que nuestro mundo es.” (Merleau-Ponty: 1945-123). Entonces, la diferencia entre ser en la vida  y ser actor está en la combinación de las acciones a medio camino y en la situación en la que se realiza esa acción, misma que es tomada como ficticia.  
Pareciera que el asunto cada vez se reduce más a las dos dimensiones de representación que abarcan toda la función simbólica, incluyendo al propio cuerpo. Es decir, el cuerpo no puede disponerse, únicamente, para que sea representación de otra cosa, no puede ser, solamente, representación de algo ausente, el cuerpo también es representación de sí mismo, también es sentido en sí mismo, este elemento de opacidad, de reflexividad (Chartier: 1994-407-418) es precisamente la singularidad de la vida. Actuar es una acción inesperada, no planeada en una situación construida previamente a través de distintos materiales: texto literario, concepto escénico-escenográfico, mirada del director, mirada del espectador, etc. El personaje literario no existe hasta que es actualidad en el trabajo del actor. Así que habrá tantos Hamlets, Ofelias, Segismundos, Fedras, como encarnaciones de ellos. Esto también quiere decir que no hay coincidencia entre el personaje literario y el personaje teatral, no en el plano que excede a la forma literaria (dimensión transitiva), todo ese exceso, todo eso que está en los límites del personaje literario, es la personalidad del actor (dimensión reflexiva), y eso puesto en relación con la situación imaginaria es actuar. El problema del actor es la invisibilidad. Sí bien, su acción en la escena es lo que hace visible los elementos de la teatralidad, su trabajo como tal queda invisibilizado, en tanto, originalidad. Como ya hemos dicho, actuar no queda reducido a la representación como representación de algo (personaje), a la realización de ciertas acciones en un marco de sentido, actuar es el excedente, es lo que se produce como forma propia a partir de la manera peculiar y subjetiva que tiene el actor de responder y re-accionar en la situación de representación, construida previamente. El gesto silencioso e invisible es aquel que da al teatro su específica teatralidad.  Pero no podemos abolir el elemento literario o textual, de lo contrario, no habría una estructura, una estrategia previa que suponga el límite, el borde, el perímetro que excede el actor,  y que dé como resultante el gesto corporal en situación de representación.

Literatura y la acción escénica en la producción de sentido.

            La única manera en que podemos configurar la situación de representación es a través de los materiales del entorno, siendo estos: texto narrativo o dramático, concepto escénico, escenográfico, y relación espectador-espectáculo. Lo que intentamos explicar es la relación del cuerpo con el texto. No con la palabra, ya que la palabra (sonido) también es cuerpo.  Si no con la trama, con el relato: la organización de los acontecimientos;  lo que atraviesa directamente el cuerpo y que forma el cerco que deberá traspasar el actor con su gesto personal, con su táctica particular. Existe otra dimensión, de relación específica entre el actor y la literatura. Sí bien, nosotros acudimos al teatro para observar el excedente (eso siempre nuevo que hacen los actores) de la representación, acudimos con una idea previa de aquello que vamos a ver, por mínimo que sea. En otras palabras, vamos a ver Hamlet, porque sabemos quién es Hamlet y porque queremos ver el Hamlet de juanpérez. Hay una relación específica del material literario (lo visible) y la actoralidad (lo invisible). Para explicar esta relación específica queremos echar mano del concepto de sentido, articulado por Deleuze (1984).
Para poder establecer una teoría del sentido, y poder encontrar en él la articulación de los visible y lo invisible, debemos recuperar las tres paradojas del sentido:
1)      El sentido es puro devenir. El sentido es una entidad inexistente, propiamente dicho. El buen sentido es la afirmación de algo. Pero el sentido, en la dimensión que interesa, es la afirmación de buen sentido y del sin sentido. “No es una dualidad platónica; es una dualidad más profunda, más secreta, enterrada en los cuerpos sensibles y materiales mismos: dualidad subterránea entre lo que recibe la acción de la idea y lo que se sustrae a esa acción”. Es puro devenir porque es ilimitado, y porque tiene una relación peculiar con el lenguaje, (como en la propia teatralidad), el lenguaje es quien fija los límites pero es también quien permite restituir lo ilimitado del puro devenir. “La incertidumbre personal no es una duda exterior a lo que ocurre, sino una estructura objetiva del acontecimiento mismo, en tanto que siempre en dos sentidos descuartiza al sujeto según esta doble dirección” (Deleuze: 1984).  La paradoja radica en que el sentido destruye al buen sentido (el de las afirmaciones)  y también destruye al sentido común, aquel que asigna personalidades.
2)      El sentido es un efecto de superficie. Únicamente los cuerpos existen en el espacio y en el presente del tiempo. La mortalidad del cuerpo es lo que le permite su singularidad en el tiempo único que es el presente. No hay causas y efectos en los cuerpos. Todos los cuerpos son causas de algo. Los cuerpos son causas de efectos incorporales, estos no son cosas o estados de cosas, son acontecimientos (el personaje es un efecto, es un acontecimiento suscitado en el presente de la representación como efecto del gesto personal del actor: el excedente).  Los hechos se juegan en la superficie del ser. La realidad del mundo “constituye en una multiplicidad sin fin de seres incorporales” (Deleuze: 1984). Las distinciones entre la profundidad de los cuerpos y los acontecimientos de superficie es posible gracias al lenguaje (p.e. la situación de representación es construida por el lenguaje). Siendo así, el devenir ilimitado se vuelve acontecimiento mismo incorporal. El acontecimiento es co-extensivo al devenir y el devenir mismo al lenguaje, la paradoja del sentido es esencialmente lenguaje, proposiciones, enunciados.
3)      La acontecimientos deberán ser expresados en proposiciones cuando menos posibles. Tenemos tres tipos de enunciados: 1) de designación o indicación. Esta tienen como criterio lo verdadero y lo falso. 2) manifestación. Es la relación del enunciado con el sujeto. Es el enunciado de los deseos y creencias. La manifestación posibilita la designación. Su desplazamiento no es hacia lo verdadero y/o lo falso, sino hacia la realidad o el engaño. 3) significación. Es la relación del enunciado con los conceptos universales. Es un procedimiento indirecto del que se posibilita cierta conclusión. “La significación no funda la verdad sin hacer posible el error. Por eso la condición de verdad no se opone a lo falso sino a lo absurdo” (Deleuze: 1984).  La significación no es homogénea.
El sentido se superpone a estos tres elementos y se instala como lo expresado de la preposición; incorporal en la superficie, identidad compleja irreductible, acontecimiento puro que insiste o subsiste en el propio enunciado.  Dice algo: “¿hay algo, un aliquid, que no se confunde  ni con la proposición o los términos de la proposición, ni con el objeto o estado de cosas que ésta designa, ni con la vivencia,, la representación o la actividad mental de quien se expresa en la proposición, ni con los conceptos, o, incluso las esencias significativas? El sentido”. Sí intentamos traer este enunciado a nuestra discusión, podemos decir, la teatralidad está en el excedente, este excedente que no es palabra (pero deviene palabra), no es cuerpo, (pero deviene cuerpo), no es la representación sensible, las cosas ahí, tampoco la representación abstracta,  las ideas.  El sentido es el excedente de la configuración pero a su vez anima todo el modelo desde el interior.
            ¿Por qué no es posible que el sentido aparezca sin el enunciado literario, como pretendía Artaud? Porque “lo expresado no existe fuera de la expresión. Por ello no puede decirse que el sentido exista, sino que insiste y subsiste.” Pero tampoco es el enunciado, es atribución del estado de las cosas. “El acontecimiento (sentido) subsiste en el lenguaje, pero sobrevive a las cosas”. No es una dualidad entre enunciado y las cosas, el sentido es la articulación entre cuerpo (profundidad) y lenguaje (superficie), y los excede a ambos.  Como vemos, el sentido, en esta amplitud sobreviene de dos dimensiones, literatura y cuerpo, pero no como un resultado o como un origen, sino como producto. El sentido no es algo que esté por develarse, por restaurarse, por remplazarse, distribuirse, esos son atributos del buen sentido, el sin sentido o el sentido común), el sentido siempre está por producirse. Me parece que el concepto deleuziano sirve para explicar la articulación entre el trabajo de los actores y el material literario, las dos células principales que han caracterizado el arte teatral. Lo que permite la definición de este concepto es la verificación de las dos dimensiones, la dimensión subjetiva, representada por el cuerpo, y la dimensión objetiva, representada por el enunciado, pero que es un conjunto y en devenir que el sentido (el propósito del arte) aparece.

Bibliografía.

Aristóteles, 1974, Poética, Editorial Porrúa, México.
Artaud, Artaud, 1938, El Teatro y su doble, Editorial Alianza, México.
Chartier, Roger, 1996, “Poderes y límites de la representación. Marin, el discurso y la imagen”, en Escribir las prácticas. Foucault, De Certeau, Marin, Bs. As.: Manantial.
De Toro, Fernando, 1987, “¿Teatralidad o teatralidades? Hacia una definición nacional” en Revista Espacio, Año II, Nro. 3, Bs. As.: Fundart
Deleuze, Gilles, 1984, Lógica de Sentido, Traducción de Miguel Morey, Edición Electrónica www.philosophia.cl Escuela de Filosofia de la Universidad Arcis.
Mauro, Karina, 2011. La Técnica de Actuación en Buenos Aires. Elementos para un Modelo de Análisis de la Actuación Teatral a partir del caso porteño, Tesis de Doctorado inédita.
Merleau Ponty, Maurice, 1975, Fenomenología de la percepción, Barcelona: Península. 

Facultad de Filosofía y Letras
Universidad de Buenos Aires
Diciembre 2012. 
Gunnary Prado Coronado. 

lunes, 8 de octubre de 2012

Fragmentos


Aproximaciones a una epistemología de la creación:
(Fragmento)


¿Qué sí es la verdad artística? Lo que podemos encontrar en el arte es una revelación de las estructuras internas de la realidad. Digamos, la ficción (no-realidad) poética es una  radiografía crepuscular de las relaciones estructurales de la realidad en sus diferentes dimensiones: ética, política, moral, ideológica. Y durante la celebración de la creación artística está verdad es enunciada, representada a través de acciones y diálogos con intenciones poéticas que se conectan críticamente con el mundo interno (cerebro) y externo (exocerebro) de la conciencia. La verdad en la obra de arte es un conversar. 
El problema con el arte del teatro es que es un arte de la personificación. El artista es un medio y un instrumento para la creación, al tiempo que es el fin y la obra de arte en sí misma. Nos referimos al actor-artista como si fuera el único participante del teatro, porque sin actor-artista simplemente no existiría el teatro. Su labor es realizar en cuerpo y espíritu (conciencia) las construcciones intersubjetivos que atraviesan la ficción y la realidad representadas en una puesta en escena. Y ¿qué sabemos del artista? “… es libre como el pájaro o como el pez, (pero al mismo tiempo) se carga de una vocación que le convierte en una figura ambigua”. (Ídem, p. 128)
Nos dice Gadamer que gracias a la herencia histórica del siglo XIX, se les confiere a  los artistas y su tarea “en el mundo la conciencia de una nueva consagración”. Explícitamente, su labor, de acuerdo a nuestro autor es la de “la búsqueda experimental de nuevos símbolos o de una leyenda capaz de unir a todos, puede desde luego reunir a un público a su alrededor y crear una comunidad”. (Ídem, p. 128-129) La labor del artista es social, en términos perceptivos, sensoriales, significativos; nos atrevemos a decir que igualmente, es revolucionaria, fundadora, contra-hegemónica, crítica y política.
¿Por qué resulta tan difícil definir lo que es la obra de arte y cuál es el trabajo del artista? Porque su acción y los objetos que denominamos arte, son objetos inconclusos en términos hermenéuticos; dice Gadamer: “¿habrá que imaginar entonces el ser de dicha obra como la interrupción en un proceso de configuración que virtualmente apunta aún más lejos? ¿Es que la obra de arte no es un principio inacabable?” (Ídem, p. 133).  Entonces, cómo es posible “comprender algo” de lo que no está listo, se pregunta el propio autor y ahora nosotros traemos el cuestionamiento aquí, a nuestra manera, ¿qué hay de verdad en una experiencia inconclusa? Todo nuevo encuentro con la obra de arte es una nueva producción, ninguna producción es incorrecta. Y aquí equivale producción a experiencia, cada experiencia es única. Cabe aquí la metáfora del propio Gadamer, de ver a la obra de arte como una forma vacía, un punto crucial, un alefh en donde concluyen diferentes experiencias/vivencias estéticas.  Siendo así, la obra de arte se disgrega entre artista-objeto-observador, siendo el arte la inter-relación de todo ello en una nueva aparición. Es un fluir entre comprenderse artista-comprender la vivencia estética-comprenderse frente a los otros- comprenderse observador.  La verdad del arte es plantearle una tarea a la existencia: “la continuidad de la autocomprensión que es la única capaz de sustentar la existencia humana” (Ídem, p. 137). Dicho en otras palabras una vida que no es pensada, no es vida. Y esa es la tarea justa del arte, pensar la vida. Lo que se concluya será verdadero porque será legítimo en un esfuerzo de auto-conocimiento.
Como ya he dicho la verdad artística no está supeditada (o como diría Gadamer, subordinada) a la verdad científica, es de un tipo diferente y especial, será tarea de la Estética conocer a detalle sus fundamentos y juicios analíticos. Para una revisión amplia del trabajo de la Estética, es fundamental recurrir a las “Lecciones de Estética” de Hegel, para él “la estética se convierte en una historia de las concepciones del mundo, esto es, una historia de la verdad tal y como esta se hace visible en el arte. Con ello también obtiene un reconocimiento de principio la tarea que hemos formulado antes, la de justificar en la experiencia del arte el conocimiento mismo de la verdad”. (Ídem, p. 140) Es la autocomprensión en el sentido hermenéutico la parte sustancial de la “experiencia del arte” y su capacidad unificadora el continuum de las vivencias estéticas la que determina su modo de ser como obra de arte.  Y sí la obra de arte como objeto inconcluso es un movimiento perpetúo de autocomprensión, el proceso mediante el que emerge esta forma de confluencia de experiencias estéticas es una construcción semiótica-simbólica de estas “condiciones para la comprensión” por lo tanto para el conocimiento.



La comunidad epistémica del teatro.

Es verdad que una gran mayoría de  sujetos de nuestra sociedad están fuera de la comunidad epistémica del arte en términos de la creación, aunque no fuera de la comunidad epistémica del arte en términos de dialogo; lo ideal sería que el propio arte se convirtiera en un instrumento que integre a otros sujetos a este campo de conocimiento, a través de la accesibilidad social e histórica de la obra de arte.
Por supuesto que hay ejemplos numerosos de este esfuerzo, a lo largo de la tradición occidental del teatro: veamos el inusitado hallazgo de Constantin Stanislavski que a principios del siglo XX en la Rusia Soviética, a través de un extenso trabajo de etnografía teatral configuró un sistema denominado El Método de las Acciones Físicas, una técnica naturalista que se oponía al formalismo del siglo XIX atribuido al francés Denis Diderot, y que planteaba que no hay una técnica teatral propiamente dicho, sino una naturaleza creadora a la cual todos las personas podemos acceder si nos sometemos a un detalla estudio de nuestro “sí-mismo”; el polémico y nunca del todo entendido concepto de “Extrañamiento” (Verfremdungseffekt) de Bertold Brecht, desarrollado en la primera década del siglo XX en Alemania, y que revolucionó todo campo del conocimiento teatral, incorporando a los “supuestos semánticos” del teatro conceptos como “distancia crítica” “teatro épico vs. teatro dramático”, “representación vs. identificación”, “la historización en el arte interpretativo”, entre otros, buscando que el arte de la interpretación (actuar) fuera un ejercicio crítico tanto para el espectador como para el propio interprete de sus acciones y valores sociales; el laboratorio teatral de Jersey Grotowski en la provincia de Polonia, donde sus investigaciones lo alejaron completamente del espectáculo, sumergiéndose en un espacio de trabajo y entrenamiento actoral (Laboratorio) hacia la búsqueda de un esencialismo escénico y en su indagación de Hacia un teatro pobre, se acerca a los elementos primordiales que componían el fenómeno teatral para reivindicar la presencia de la persona como valor fundamental del arte; finalmente los esfuerzos en sentido contrario de Peter Brook, que a través de su conceptualización del Espacio Vacío consigue trasladar una visión post-estructuralista al teatro, asegurando que todo interacción de acuerdo a su esquema es representación teatral.
Todos estos proyectos teatrales significan rupturas en la historia del teatro, re-configuraciones críticas a la ideología que finalmente llevaron a la tradición a una renovación del arte teatral y que básicamente fueron propiciados por la vocación, pasión, el deseo y los intereses más personales, aunado a la audacia  para conseguir y propiciar construcciones intersubjetivas, consensos epistémicos, razones de objetivamente suficientes y accesibilidad de cada uno de estos planteamientos teóricos.  Y es significativo que la comunidad  del arte teatral contemporánea ha adoptado y reconfigurado estás herencias teóricas, algunas veces de manera crítica, otras veces plegándose gracias a la capacidad de adecuación de estas técnicas e instrumentos teóricos a la actividad escénica particular de la vida diaria del teatro.
Un panorama prometedor. Entonces ¿por qué el teatro (en el sentido más responsable del término) no es de dominio público? Podemos asegurar que el conocimiento derivado de la creación artística podría equivaler al concepto de Sabiduría de Luis Villoro. En el conocimiento del tipo artístico adquiere gran relevancia las experiencias individuales, -no importa que no seamos capaces de obtener saberes generales a través de nuestras experiencias individuales, con que saquemos provecho de la experiencia es suficiente-; la subjetividad, -la sabiduría, tal como nos la explica Villoro, supone pocos saberes compartibles con otros individuos, en cambio supone que “tenemos conocimientos directos, complejos y reiterados de las cosas”- (Ídem, p. 226); sobre todo, la diferencia entre el conocimiento artístico como sabiduría y no como “ciencia” radica en que está última se trasmite como un discurso articulado en manuales, tratados, etc., en la sabiduría por su parte, sus verdades muchas veces se trasmite mediante ejemplos, representaciones no lingüísticas, sin palabras, tomando ejemplos diversos de la vida. Así en el teatro podemos ver que apela a experiencia intersubjetiva de las nociones conceptuales, sus verdades son comunicables más allá de las proposiciones lingüísticas, en todos los casos implica un proceso de autocomprensión particular en la búsqueda de sí-mismo en la colectividad, la gran mayoría de sus manifestaciones se fijan como metáforas profunda que enuncian las cosas indecibles de la realidad y de la vida interior de sus participantes, lo suyo no es las configuración de teorías verificables, si no “experimentar formas radicales de la vida”. (Ídem, P. 228). 
La Sabiduría es el sabio que busca la verdad por sí mismo. Los saberes compartibles de la sabiduría son “poemas, mitos, apólogos morales, discursos religiosos que, de generación en generación, preservan la sabiduría de los antiguos” (Ídem, p. 226).  Por supuesto es necesario que el mensaje de estos saberes sea confirmado por cada uno de nosotros en nuestras vidas, de lo contrario, la trasmisión del saber no ha sido efectiva. Tal y como nos sucede en el teatro. Recordemos aquella expresión “aquel que ha ido al teatro y al salir no ha tenido una transformación de su Ser en algún sentido, es que realmente no ha ido al teatro”.[1]
“Cada quien debe repetir en su propia experiencia la verdad de una vez formuló el sabio. Si a la ciencia importa el conocimiento personal sólo como confirmación de un saber, a la sabiduría importa el saber sólo como guía para un conocimiento personal”. (Ídem, p. 227) A diferencia de la ciencia la sabiduría no requiere de “razones objetivamente suficientes para una creencia”  (Ídem, p. 227) la sabiduría se comparte entre las personas que han tenido determinadas experiencias equivalentes, son pues “creencias compartidas sobre el mundo y la vida, que integran una cultura”. Lamentablemente, la sabiduría al igual que el teatro no es para todos en el mismo nivel; probablemente muchos críticos y productores de teatro también coincidan en ello, “la sabiduría escoge a los suyos” (Ídem, p. 227), al igual que el arte y particularmente el teatro; “se niega a espíritus vulgares, superficiales, llama a los seres sensibles, discretos, profundos. Se requiere de condiciones subjetivas para compartir la sabiduría” (Ídem, p. 227).
Y de las semejanzas entre Sabiduría y “conocimiento artístico” también pueda provenir aquella idea de que “el arte no puede ser ensañado”, es posible tener aproximaciones a la experiencia del arte, a ciertas técnicas, modelos y consejos de producción, pero el motivo interno de aventurarse en la problematización de “hacer arte” eso no es posible enseñarlo; “el sabio no ha seguido escuelas y ni ha seguido una doctrina compartida por todos” (Ídem, p.228),la sabiduría (¿el arte?) no invita a plegarse ninguna doctrina, solamente exhorta a las personas  a abrazar una forma de vida y “poner a prueba en ella la verdad de una doctrina” (Ídem, p.228).
“En ningún caso la vía de la sabiduría guarda semejanza con la de la ciencia. No aduce a razones, no formula teorías explicativas, narra una experiencia de vívida, transmite un trato directo con las cosas, abre los ojos ajenos para que cada quien vea por sí mismo. La sabiduría es, antes que nada, un conocimiento personal” (Ídem, p.228). ¿Y no será así como suceden las cosas en el teatro?
Sí es así, ¿no se han derrumbado las razones objetivamente suficientes para este ensayo? A lo largo del ensayo hemos tratado de ahondar  en la pregunta por el proceso creativos. Hasta cierto punto, creo, he abonado a la idea de que la pregunta teórica por el arte, no implica resolver sus problemas de selectividad, inaccesibilidad, sus zonas “auráticas”[2], lo abismal en su definiciones conceptuales, la densidad de sus múltiples significaciones individuales, etc.; la pregunta por el arte implica observar el mundo a través del arte y sus variaciones históricas.
En cambio, mi apuesta personal es por la pregunta teórica en la producción artística. Asimismo llevarla por un camino inductivo,  es decir, emprender una búsqueda de las unidades mínimas del proceso de creación (la experiencia personal), para elevarlas al horizonte de la colectividad con cuidado de no caer en convertir este saber personal en un pauta universal; si no con el fin de encontrar en la espesura individual explicaciones a los universalismos, a las fronteras, los cruces artísticos de la historia humana. Por lo tanto, nuestra aspiración no es la de explicarnos, -entendiendo por ello la simplificaciones en ideas de procesos complejos-, si no de la comprensión, -entendiendo por está a la aprensión de la totalidad-, a todo lo largo de la experiencia de la producción teatral. Aunque en ello corramos el peligro de saber más cosas de las que podamos decir.  Evidentemente, el tema no está acabado. Por el contrario, nos encontramos ante un comienzo. 


[1] Referencia bibliográfica.
[2] Estoy trayendo aquí el termino de “arte aurático” del W. Benjamin, sobre aquello que no podemos explicar en la obra de arte, pero que posee y la define como tal. Veáse  Bejamin, Walter; La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica, Editorial Itaca, Primera edición, México, D.F. 2003, pp. 129.


El cuerpo: un relato jamás contado.



El arte teatral es el punto de confluencia por excelencia de la literatura y del cuerpo. Allí, la literatura, más específicamente, la palabra puede ser considerada como un trayecto dirigido hacia el cuerpo. El cuerpo es, un cuerpo intencionado que se articula en el sentido que sólo puede dar la palabra. Es en el teatro donde se efectúan las bodas entre la literatura y el cuerpo.

La confusión de esto proviene de un origen muy antiguo, sin embargo, muy actual: la confusión aristotélica de preponderar el texto sobre la escena. Mejor dicho, someter el cuerpo al texto. Aunque es en el mismo Aristóteles donde podemos encontrar la primacía del logos dramático como el modelo extensivo para todo el acto de narración. Y en tanto que la materia del drama es el cuerpo, puede haber una posible respuesta ahí.

La pregunta latente es  ¿qué es el cuerpo en el teatro? No puede ser considerado una extensión de la palabra o un vehículo para la re-presentación de la trama. El cuerpo es todo lo demás que no es trama. Es decir es aquello que no está organizado en la lógica de los acontecimientos. El gesto silencioso (el cuerpo) complementa la palabra.  Para explicar más ampliamente está relación de completud entre texto y cuerpo en el teatro consideraremos el caso de Samuel Beckett y sus piezas dramáticas.

Considerar el derecho que tiene el cuerpo para no ser leído, para no ser visto como texto. El cuerpo deberá ser percibido como un signo reflexivo.  No hay redundancia entre cuerpo y palabra, porque el cuerpo es actualidad y por lo tanto siempre único, siempre irrepetible.

No intentamos debatir si la preponderancia del teatro está en el texto literario o en el cuerpo del actor. Eso es un falso debate, en tanto que sin cuerpo no hay teatro; y que la única manera en que la humanidad occidental ha registrado y conservado el teatro es a través de la literatura (hasta ahora), y considérese que el propio género dramático ha evolucionado en torno a esta crisis.

Lo que intentamos explicar es la relación del cuerpo con el texto. No con la palabra, ya que la palabra (sonido) también es cuerpo.  Si no con la trama, con el relato: la organización de los acontecimientos;  lo que atraviesa directamente el cuerpo. Y en el camino definir qué es el cuerpo en la escena, por lo tanto, qué es actuar. La indagación es por un co-determinación del cuerpo y el relato. .

¿Lenguaje?



Busto de Fritz Maunthner. 


"Será tiempo de aprender a callar".

"¿Qué realidad es al fin y al cabo más que fugitiva forma?"

"[...] conseguir separar el lenguaje hablado en nuestra conciencia. Sin embargo, el susodicho centro del lenguaje hablado trabaja inconscientemente también cuando lee el hombre de letras" 

"Cauce del lenguaje: [...] desde una perspectiva temporal, cada gota es desalojada sin cesar por otro en un punto concreto y, desde un punto de vista espacial, cada gota fluye en medio de otras. [...] no se puede entrar dos veces en el mismo río, se hace extensiva para el lenguaje."

"No hay en la naturaleza otro azul que en los fenómenos azules. Estaría también allí si el lenguaje no se hubiera tomado la molestia de abstraer el adjetivo azul."

"El conocimiento del lenguaje sería, sin duda, también conocimiento del mundo, si fuera una posibilidad". 

"La gramática de una lengua no puede ser escrita más que en aquella lengua, de modo que el valor de la gramática coincide, finalmente, con el valor del lenguaje mismo. Las palabras sólo tienen sentido para aquel que posee ya sus contenidos de representación; y asimismo, la gramática de una lengua es completamente inteligible sólo para aquel que no la necesita, porque comprende el idioma."

"[...] únicamente las palabras pueden devaluarse, desgastarse o consumirse. [...] Pero el lenguaje no es un objeto de uso, ni un instrumento tampoco; sobre todo, no es un objeto, no es más que su propio uso. Lenguaje es uso del lenguaje. Y así no es ya un milagro que el uso crezca con el uso."

"[...] el lenguaje es precisamente la afinidad o comunidad en las visiones del mundo. Las masas humanas y los hombres y los hombres de masa se alegran atónitas ante esta propiedad y no presiente que es una ilusión."

"El lenguaje no puede ser una obra artística, aparte de otras causas, por no ser creación de un individuo. Como hemos dicho, yo no puedo imaginar, pero puedo pensarlo con palabras, que la humanidad hubiera vivido miles de años sin palabras ni conceptos, sin dudas ni mentiras, como el reino animal, y que un día, de repente, se irguiera un gigante, un hombre de dos brazas, entre hombres de una vara, y que éste fuera un poeta. Pues el lenguaje nunca fue una obra de arte, pero siempre el medio artístico de la poesía." 

Mauthner, Frtiz, "Contribuciones a una crítica del lenguaje". 





jueves, 20 de septiembre de 2012



Testimonio verídico de un joven participante en la manifestación pacífica en Ensenada Baja California el pasado 15 de septiembre donde un grupo de 19 jóvenes y adultos fueron arrestados sin cargos y en pleno agravio a su libertad de expresión.
(Nos reservamos el nombre, dado que no tenemos autorización del expositor. Nos interesa difundirlo para creemos que haciendo público el altercado vivido por estos jóvenes contribuimos a la seguridad entre todos, a la concientización de la ciudadanía y a la democratización de la información).

Todos alerta. Todos informados. 



Soy José ____ _____ _____:
Estudiante de preparatoria en Sistema Abierto. Oficio: panadero. Pertenezco orgullosamente al movimiento #YOSOY 132  ENSENADA.
El día 15 de septiembre del año 2012 a nivel nacional #YOSOY 132 se tenia una manifestaciones TOTALMENTE PACIFICAS planeada en las fiestas patrias y Ensenada no seria la excepción. Yo tenia una gran inquietud, quería ir con mi bombo (tambor mas grande que conforma una batería) y no sabia como entrar con él al evento, pues seguramente al llegar con él no me dejarían entrar, lo creía así porque buenas fuentes nos habían informado que ya nos esperaban  y que habría demasiada seguridad para evitar nuestra presencia en tal evento.
 Se dan las 4 de la tarde y nos dirigimos al municipio a llevar mi tambor, al llegar se encuentra un grupo de manifestantes de otro movimiento, mujeres, hombres, niños, y personas de mayor edad en la banqueta con pancartas solamente, al meternos al estacionamiento del palacio municipal me percato de la gran cantidad de policías que se encuentran en la explanada y algunas unidades patrullando lentamente por el estacionamiento, y nosotros dando vueltas sin saber donde estacionarnos , mi compañero y yo echamos un vistazo y no lo podemos creer, solo dos entradas que sirven de salidas, también y muchos policías, le pregunto a mi compañero que recibiría el tambor
-¿Y cómo metemos el tambor? (risas)
-Pues bájalo y entra como si nada.
- (risas) ¡Si como no y que me agarren ahí en la entrada!
Le indique un lugar diciéndole que me espere ahí para pasarle el tambor y que yo daría la vuelta con el compañero que permanecía en el carro, él se encamina hacia el lugar y yo regreso al carro, entonces nos vamos por detrás del Palacio y miro mas policías, entramos a la calle Reforma, y cuál es mi sorpresa, que en la banqueta a la altura del puente están como 5 patrullas, no se bien, en realidad no las conté pero eran bastantes de eso no tengo duda , con los códigos prendidos y otro montón de policías, mi compañero que maneja dice: “no se va poder ni siquiera me puedo estacionar”, sigue avanzando y pasamos las patrullas y seguimos avanzando. Dejamos atrás a nuestro compañero que esperaba en el lugar donde le daría el tambor, el carril en el que íbamos se desviaba al carril de la derecha así que tubo que detenerse y sin pensaros mucho me baje. Estaba muy nervioso pero seguí, abrí la puerta de atrás tome el bombo y unas cobijas que mi compañero que me esperaba a distancia había llevado para taparlo, se las pongo encima y me echo a caminar por la banqueta en dirección de los policías, llegué con mi compañero, le pase el bombo, él lo cubrió y nos fuimos. Un policía pasaba por entre nosotros mirándonos con atención, mientras buscamos el carro, él nuevamente estaba en el estacionamiento con el motor prendido nos subimos y nos vamos a nuestras casas.
Más tarde nos juntamos para terminar organizar todo, leímos los lineamentos y los artículos 6to y 9no de la Constitución Mexicana,  los cuales nos amparan, las medidas de seguridad, las consignas que se dirán dejando bien en claro que ni una sola grosería será dicha, las consignas eran :
México sin PRI
FRAUDE
Y en caso de agresión, ya sea en contra de nosotros o los otros movimientos, (con los cuales no hubo ningún tipo de organización previa con ellos), se diría
NO VIOLENCIA
También se diría, si alguno de los otros movimientos hacia cosas radicales, para dejar bien claro que
#YOSOY132 ENSENADA
es totalmente pacifico y no era parte de esa acción.
Esas eran nuestras consignas y  después de eso cantar junto con todas las demás personas el Himno Nacional de manera respetuosa como siempre se hace en nuestros eventos.
También se acordó que sólo las mujeres estarían en el puente con la manta #YOSOY 132 ENSENADA, esto por seguridad para que los hombres no fuéramos agredidos en caso de querer quitarla.  Después de hacer nuestra manifestación plenamente pacifica  y cantar el Himno Nacional respetuosamente nos iríamos todos juntos.
Tres compañeros y yo entramos por el puente alrededor de las 8 y 9 de la noche, antes de subir había dos policías y una patrulla con los códigos prendidos, en el tercer piso se encontraban 3 policías y al bajar estaba repleto de ellos, anduvimos viendo los puestecitos que se encontraban en el lugar, platicando con amigos y viendo la pelea en las pantallas que se encontraban a los costados del templete donde se daría el Grito de Independencia por el Presidente municipal, Enrique Pelayo Torres , después llegó otro compañero, él y yo nos fuimos a sentarnos en el pasto y nos encontramos a otros amigos que tocaban percusiones y uno de ellos me presto su instrumento y toque un rato con ellos, los niños que estaban alrededor también se acercaban a tocar con muchas ganas, el ambiente era demasiado agradable y hay permanecí hasta el momento del Grito.
Comienza la ceremonia del grito y voy por mi tambor, lo alisto para poder tocar mientras camino, mientras se escucha el tradicional grito, pasan unos segundos y ya estoy listo nos encaminamos mis compañeros  y yo, avanzando por la mitad de la explanada gritado al ritmo del tambor después de cada “VIVA” un “SIN PRI”, mientras la gente abría con facilidad paso para acercarnos lo mas posible ala de enfrente y otras tantas se unían a nosotros gritando con  mucha pasión , llegamos hasta donde se encontraban las cámaras que cubrían el evento para proyectar en las pantallas. Llegamos hasta allí porque llegó todo un equipo de SWAT formando una barrera, no nos dijeron, ni nos hicieron nada, sólo permanecían hay parados mientras la manta #YOSOY 132 ENSENADA se ondeaba desde el tercer nivel del puente que podía apreciarse con gran facilidad, también se lograba ver un periodista aún lado que grababa todo, lo cual me daba un poco de tranquilidad pues estaban sólo mujeres y un compañero que se encontraron en el lugar,  y decidió quedarse con ellas, y digo me daba un poco de tranquilidad porque al momento de ondear la bandera #YOSOY 132 ENSENADA  rápidamente se dejo ver una gran movilización de policías y personas vestidas de civil con radios para tratar de quitarla , se acabaron los VIVA MEXICO SIN PRI y comenzamos entre brincos, baile y jaloneos de la manta (estos últimos por parte de la policía, la represión policiaca había iniciado) a gritar: ¡FRAUDE! ¡FRAUDE! ¡FRAUDE! Todo pasaba demasiado rápido, yo no dejaba de ver hacia el puente  pues cada vez mas policías llegaban al lugar, vi como trataban de quitarle la cámara al periodista, mientras él la levanta para seguir grabando, un policía se le pone por detrás y lo someten entre varios, entonces comienzan los gritos de: ¡NO VIOLENCIA! ¡NO VIOLENCIA! ¡NO VIOLENCIA! Era impresionante, no lo podía creer, los policías comenzaron una represión total contra quienes sostenían la manta y no sólo arriba exhibiéndose ante toda la gente que desde abajo lograba ver todo con claridad sino también el diversos puntos de la explanada, los gritos salen de todos lados en todas direcciones, la represión es inaudita, entre todo eso mis compañeros y yo avanzamos hacia el puente, miraba los rostros de las personas algunas con miedo, coraje, impotencia de no poder hacer nada, unas simplemente veían como si fuera una película y poca a favor de lo que se veía.
Al llegar al puente me doy cuenta que tienen ya a varios compañeros contra las patrullas de una forma muy agresiva, la subida del puente estaba repleta de policías, los gritos no cesaban, personas corrían alejándose  y otras acercándose para apoyar a los detenidos, entre dos policías llevan a una compañera, ella es pequeña en estatura, mi compañero que esta enfrente le dice a los policías:
-¿Por qué se la llevan?
Ellos no responden y siguen su camino,  ella responde:
-Porque grite ¡SIN PRI! Porque grite ¡SIN PRI! Y no les gusta.
 Es cuestión de segundos cuando alguien preguntaba, ¿por que se la llevan?, lo someten violentamente entre varios policías, lo ponen contra el pavimento mientras otros se paran a un lado para que no puedan grabar claramente las personas.
Yo retrocedo dos o tres pasos, me arrodillo y sigo gritando: ¡NO VIOLENCIA! ¡NO VIOLENCIA! NO VIOLENCIA! Mientras toco el tambor y mantengo la vista hacia abajo, pasan otro segundo y comienzan a agredirme a mí también entre jaloneos me golpean el rostro, yo permanezco en el suelo me jalan las baquetas con que toco el tambor hasta que logran quitármelas, abrazo el tambor entre gritos de personas que dicen:
-¡DÉJENLO!  ¡DÉJENLO!
 -NO ESTÁ HACIENDO NADA. ¿POR QUÉ SE LO LLEVAN?
-¡DÉJENLO!
A lo que las personas que me sometían, que no se si eran policías, porque vestían de civil con pistola en la cintura y radios decían:
-QUITATE O A TI TAMBIEN TE VAMOS A LLEVAR.
Más jalones, más gritos e incertidumbre  y me preocupaba mi madre que estaba entre las mujeres que sostenía la manta, me arrastran hasta el otro costado de la panel que daba para la calle, quede entre un pick up color gris y la panel, del lado que da hacia la banqueta tenían a mis compañeros con sus rostros contra el chasis, sólo hay policías y personas vestidas de civil con armas en la cintura, me tratan de quitar mi tambor mientras una persona vestida de civil con chaleco y camiseta gris me hace presión con su brazo izquierdo en el cuello y golpeaba repetidamente con su otra mano mis costillas  diciendo con agresividad :
¡YA SUELTA CABRON, YA SUELTALO! (refiriéndose a mi bombo)
No podía hablar y apenas respiraba, la presión sobre mi cuello era bastante ya que yo no me estaba resistiendo para nada, de pronto deja de presionar un poco mi cuello y respiro agitadamente con un poco de desesperación por agarrar aire  y le digo con un poco de miedo:
-¡ESTA AMARRADO DEJAME SOLTARLO!
-¡APURATE! (con agresividad)
Me arrebatan unos cordones con los que sostenía el tambor pero aún no está totalmente libre para despegarlo de mí, aún me une un cinturón que pasa por mi cintura y sujeta el tambor, la persona dice nuevamente agresivo:
-¡QUE LO SUELTES TE ESTOY DICIENDO!
Mientras me sujetaba aún con su brazo un poco más debajo de mi cuello y otra persona jalonea el tambor, le digo un poco desesperado por la situación:
-¡AGUANTA!, AGUTANTA, ¡DEJA SOLTAR EL SEGURO!
Se desprende e tambor de mí y lo arrojan hacia un lado, escucho lo que en el momento creí eran  balazos me dejo caer al suelo ahora si con mucho miedo  y me levantan bruscamente y me estrellan contra el panel diciendo violentamente:
-¡YA CÁLMATE!
Mientras me levantaban miro hacia arriba y me percato que son los juegos pirotécnicos, me tranquilizo un poco de saber que lo que escuche no eran balazos, estoy totalmente pegado a la panel mientras él pide unas esposas y le responden que ya no hay, el por ultimo golpea mi costilla diciendo agresivamente:
-¡Y TE CALMAS CABRÓN! 
Comienza a subirnos a la panel,  veo muchos conocidos y uno de ellos no deja de gritar:
-PREGUNTEN A DÓNDE NOS LLEVAN.
Una y otra vez, nadie contesta nada, la panel se llena y un compañero tiene que irse de rodillas con las manos esposadas, cierran la puerta y la panel arranca con los códigos prendidos y muy raido, le llamo a mi padre y le digo que nos detuvieron y no se si a mi madre también porque ella estaba en el puente, le cuelgo, suena el teléfono, es una compañera preguntando quiénes y cómo íbamos y hacia donde, le respondo y le pregunto por mi madre,  me dice que la llevan al hospital porque le avían lastimado la rodilla y se termina la llamada, me preocupo bastante y comenzamos a platicar así el ambiente se relajo un poco, llegamos a “ala 9” y se abre la puerta, se ven bastantes policías nos dicen que abrirán la reja y que bajáramos uno por uno tranquilamente, entre nosotros nos decíamos: “compañeros, tranquilos, no violencia, recuerden no violencia”.
El trato en la “9” fue mas amable, nos pusieron pegados a una pared y poco después a las personas que estaban esposadas se las quitaron, nos dijeron que nos quitáramos las agujetas, joyería que trajéramos, estando ahí sentados, ya bromeábamos un poco y estábamos mas tranquilos. Aún que si tenia un poco de preocupación al no saber que pasaría y por mi tambor, minutos después llega un pick up gris con la compañera, y junto con ella, mi tambor, ella viene esposada, pasan otros minutos y llega otra unidad con el único hombre que se encontraba  arriba del puente con las mujeres que sostenían la manta y también viene esposado, poco después llega otra unidad con dos personas y bajan una cámara profesional de video color negra a la cual se ve que cínicamente le están moviendo y dicen “BORRALE TODO” obviamente porque sabían que no actuaron conforme a derecho, pido ir al baño y me dicen por donde ir. Jamás antes había estado ahí, el lugar es muy deprimente, una celda con personas acostadas en el suelo uno junto del otro y una o dos personas paradas apenas, no cabía nadie más. Regrese a mi lugar en donde nos tenían, comienzan a hacernos preguntas: ¿Cómo te llamas? ¿Qué edad tienes? ¿A qué te de dedicas? ¿Dónde vives? Entre otras más. Después me pasan a un cuarto donde una persona me pregunta nuevamente mi nombre y si e ingerido bebidas alcohólicas o drogas y le respondo que no, me da indicaciones de poner mis pies juntos, cerrar los ojos y poner mi cabeza hacia arriba, dure así como 10 segundos y me mandan a una oficina donde hay otros compañeros preguntan mis datos de nuevo y me dicen ya es todo puedes irte por la parte de atrás, no me dijeron que de que se me acusaba ni nada de información por la detención. Le pregunto por mi tambor, que si tiene daños me los pagaran, a lo que responde que eso lo vea después, para esto habían pasado como una hora, al salir me da alegría porque están muchas personas conocidas y no conocidas todas apoyándome, me abrazan grupalmente, me dicen que mi madre está bien y ya iba por ella mi padre. Esperamos un poco a que salieran lo demás compañeros y nos dirigimos a el Centro de Salud que está por la calle Ruiz y 14 a certificar las lesiones, y ahí estuve con mis compañeros, y llegue a mi casa hasta las 5:30 am del día 16 de septiembre,  aproximadamente.
Temo por mi seguridad y de mi familia, pues se que tienen fotografías de integrantes del movimiento #YOSOY132, ha estado gente externa acudiendo a asambleas y fotografiándonos, desde hace tiempo.
Por gritar,  ¡México, sin PRI!, y ¡fraude!, y suplicarles ¡NO VIOLENCIA!, nos reprimieron con abuso de autoridad y fuerza, nos golpearon y NOS PRIVARON DE LA LIBERTAD….   Sí esto pasó siendo nosotros un movimiento totalmente pacifico, y sin estar Enrique Peña Nieto en la Presidencia  ¿QUÉ SERÁ CUANDO LO SEA?  


POR UNA DEMOCRACIA AUTENTICA #YOSOY 132.